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    Posted on febrero 3rd, 2010 ingrid No comments

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    Canario

    Por: Ingrid Albarrán.

    Existe un canario amarillo dentro de una jaula pequeña, sus ojos negros  podían mirar a la gente que pasaba en aquel bazar de día una y otra vez. Alguna gente regresaba al mismo sitio y otros cansados de mirar al canario optaron por la idea de seguir caminando para encontrar alguna nueva maravilla  a su paso.

    El canario no era el más bonito; pero su trabajo radicaba  en cumplir deseos de la gente que pasaba y pedía un pedacito de cartón con algo de suerte. Su trabajo ponía orgulloso al canario puesto que veía sonrisas de personas que le hacían sentir útil.

     

    Pero el canario, aquel que le pertenecía a todos siempre observaba a lo lejos a un muchacho; le había conocido cuando aún era un canario libre y sincerando su corazón le había dicho lo feliz que le había hecho haberle conocido. Pero canario tonto e incrédulo que creyó que el muchachito precoz le haría caso. Este solo se lleno de orgullo y volvió al jardín donde hermosas flores abrían sus botones solo para merced del muchacho; muchas de aquellas flores pronto se marchitaban y dejaban de ser agradables a los ojos del muchacho. Muy pocas eran las que seguían en el jardín para alegrarlo.

    Y el canario tonto de amor se entregó a la jaula con dueño. Era un lugar acogedor y lleno de esperanza en cada uno de aquellos papeles. El muchachito solo miraba de lejos al canario sacar los papeles con sorpresas; nada interesante para alguien que tenía de flores por montón. Se alimentaban de sus raíces y se bañaban en elogios de agua de lluvia. Sentía pena por el canario…  que aún siendo caprichoso y ególatra podía dedicarle por lo menos unos de sus pensamientos.

    El muchachito se acercó al ave un día cuando la función del bazar había terminado; el canario despistado revoloteaba fuera de la jaula alegremente cuando sintió  unas palmas tomarlo y desearle suerte con un pequeño beso sobre su frente.

    El canarito estaba feliz y su corazón latía insaciable, su muchachito le había visto, ¿acaso eso no era motivo de felicidad?

    Lo era.

    Pero su realidad siempre era otra, el canario… aún teniendo alas, suavecito, caprichoso y gentil… quería seguir en esa jaula; porque bien sabía que el día que saliera… no podría competir contra las bellas flores del jardín… ellas que se cuidaban solas, platicaban alegres con la lluvia pidiendo alegres unas cuantas gotas y abrían sus botones de flor para cuando el muchachito tuviera el deseo de verlas.

    El canario entonces… ya no quería ver al muchacho. No cuando sentía que todo lo que el era… era insuficiente.

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    Nota:  Es una historia dulce, al menos escribirla se me ha hecho de esa manera. Un canarito que se siente inútil frente a un muchachito; ¿no es una historia de amor dulce? No se si dejarla así o continuar; podría contar la historia de la perspectiva de las flores, del dueño de la jaula o del mismo muchachito.

    Espero les haya gustado.

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