El cristal con que se mira

“De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

Ramón de Campoamor (1817-1901)”

Mi padre fué un hombre de origen campesino, ilustrado y culto, educado bajo el legado de José Vasconcelos en tiempos donde aún se usaba pluma fuente, tintero y la enseñanza se regía bajo la frase “la letra con sangre entra”.   Siempre nos sorprendía con poesías y adagios declamados de memoria, una habilidad que le permitió conquistar a mi madre y fascinar a sus hijos el amor por los libros.

Tuve que llegar a la universidad para conocer la corriente del realismo español literario y descubrir ante mis ojos el nombre de uno de los poetas que mi padre siempre solía declamar. El texto de Ramón de Campoamor que concluye “… todo depende del cristal con que se mira…” es una frase que recuerdo desde mi temprana infancia y gracias a esa filosofia  pude entender que es posible observar el mundo de millones de formas, disímbolas entre sí.  Pues aunque es cierto que la realidad es en ocasiones inescrutable, lo que cambia es cómo nosotros la vemos e interpretamos.

Más allá de la poesía o filosofía, hace pocos meses esa misma frase me saltó de repente cuando estudiaba fotografía. Ya no era sólo una metáfora sino que adquiría un sentido descriptible por las leyes de la física y la ciencia.

Ésta es una f/0.7  50mm fabricada a principios de los años 70s por la compañía Carl Zeiss, sólo se fabricaron 10 piezas, la mayoría las compró la NASA y se dice que cada una cuesta varios millones de dólares.  Es la lente objetivo más rápida y luminosa que se ha construído en la historia  y tiene la capacidad de operar incluso con condiciones extremadamente mínimas de luz.

Se dice que Stanley Kubrick usó una de estas lentes para la filmación de escenas con iluminación con velas, haciendo algunas adaptaciones debido a que 50mm supone un angulo de visión estrecho y las tomas que requería deberían ser amplias, por lo que las modificó a 24mm pero manteniendo la apertura de 0.7. El resultado, escenas impresionantes que no requirieron iluminación adicional y una profundidad de campo estupenda.

Intente usted hacer una foto con iluminación de velas usando su cámara, y nos cuenta sus resultados =)

Lo que llama la atención de las tomas a grandes aperturas es la profundidad de campo. Una apertura grande implica siempre fondos borrosos o difuminados, algo que le dá un toque muy artístico a las grandes producciones que disponen de lentes ultra-rápidos (y ultra-costosos) y que los japoneses bautizaran éste efecto de borrosidad con el nombre de Bokéh (ボケ), término que se utiliza en fotografía en todo el mundo.

El bokeh es un estilo de fotografía fascinante, desafortunadamente sólo se logra con lentes de grandes aperturas. Y un lente de grandes aperturas puede costar más de 10 veces el valor de una cámara profesional de última generación.

Yumeki Angels Ingrid Bokeh

Hay toda una cultura japonesa entorno al Bokeh y una corriente estética de fotógrafos y cinefotógrafos que son seguidores de éste estilo caprichoso y espectacular. Aunque sí entristece que para lograr un perfecto bokeh en las fotografías tal y como el trabajo artístico japonés, sea necesario invertir en lentes extremadamente costosos, a veces incosteables para las finanzas personales del ciudadano común de a pie del tercer mundo.

Sea a través de una lente o a través de nuestros propios ojos, siempre tenemos la opción de ver el mundo de manera diferente, descubriendo detalles ocultos que no se veían a simple vista.

Mi respuesta ante quienes ven todo gris, oscuro, sin esperanza ni posibilidad de cambio, incluyendo a los que acusan inquisidoramente que jamás se podrá hacer movimiento idol en hispanoamérica, siempre será la misma que me enseñó mi padre:

“De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira”

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